3.- SOBRE EL PRESENTE: .
Antes de seguir con más detenimiento lo que nos propone Arrighi es necesario detenernos unos instantes en la situación actual del capitalismo para poder luego entender mejor sus aportaciones. Y vamos a hacer este recorrido empezando con las ideas de algunos autores. L. Thurow, tras reconocer el lento pero continuado descenso de la economía capitalista pese a recuperaciones puntuales, sostenía que Europa estaba mejor situada que EEUU y Japón-Asia en la carrera por la hegemonía mundial (43). P. Kennedy, profundizando sus tesis de 1988, decía que la pugna se libraba entre Japón-Asia y Alemania-Europa del norte, aunque con más incertidumbres de lo que podía parecer a simple vista (44). Bustelo no entraba al debate de la hegemonía sino que apostaba por el triunfo del eje o área del Pacífico, es decir, Asia oriental, Australasia y oeste de EEUU, sobre el eje Atlántico, instaurándose "la centuria del Pacífico" (45). B. Harrison se preocupó más por las dificultades y posibilidades de Japón, Europa y EEUU en la modernización empresarial ante las exigencias de la competitividad global, de la producción en red y de la concentración sin centralización que en la carrera por la supremacía mundial, insistiendo en las interrelaciones entre esos bloques más que en su competitividad (46).
R. J. Barnet y J. Cavannagh, tras estudiar las razones y reacciones de la entrada de enormes masas de capital japonés y de otros países en EEUU, preferían criticar al capitalismo con razones que son recuerdan a Marx: "Debido a las presiones para la baja de los salarios en muchos lugares del mundo durante los últimos años, la clase de consumidores globales no crece los suficientemente deprisa para mantener activo el sistema de producción de masas global"; Además: "Un número de personas sorprendentemente alto y en crecimiento no es necesario o no es deseado para la fabricación de bienes o para prestar los servicios que los clientes del mundo que pagan, se pueden permitir", y: "El sistema económico global es frágil porque depende del crecimiento alimentado por la expansión del consumo, pero la terrible tendencia a eliminar empleos y a recortar salarios no es evidentemente la manera de llevar a las multitudes a los centros comerciales y a los concesionarios de coches" (47). C. Berzosa, P. Bustelo y J. de la Iglesia, preferían, con buen criterio, estudiar la situación del capitalismo mundial antes que discutir sobre las pugnas interimperialistas por la hegemonía mundial, y afirmaban que: "la economía mundial se enfrenta al siglo XXI con algunas luces y muchas sombras, tal vez demasiada, que no corresponden con el nivel de riqueza alcanzado y con el avance tecnológico logrado", y sintetizaban estos tres grandes retos: "a) El desempleo creciente en los países desarrollados; b) La brecha que se agranda entre el Norte y el Sur y, c) La ecología" (48).
J. L. Groizard Cardosa analizaba el papel del FMI y BM en Asia y tras demostrar el papel vital de los Estados en el "milagro asiático" apuntaba algunas razones internas que al poco tiempo explicarían, junto a otras, el inicio de la sobrecogedora crisis iniciada en verano de ese año precisamente en esos países (49). M. Castells opinaba que no existía una "región del Pacífico", si por tal cosa entendemos la cohesión alcanzada por EEUU y, en menor escala, en la UE; lo que si había eran economías diferentes totalmente interrelacionadas con la economía de Occidente y Oriente, que se rigen todas ellas por la lógica del capitalismo informacional (50). U. Beck , apenas citaba a Japón, se despreocupaba de las luchas por la hegemonía mundial, se centraba en Alemania para advertir del riesgo de "brasileñización" de Europa y afirmaba con alarmante inquietud que: "El capitalismo destruye el trabajo. El paro ya no es un destino marginal: nos afecta potencialmente a todos, y también a la propia democracia como estilo de vida. Pero el capitalismo global, al declararse exento de toda responsabilidad respecto al empleo y la democracia, está socavando en el fondo su propia legitimidad. Antes de que un nuevo Marx zarandee otra vez a Occidente, vendría bien adoptar ideas y modelos, desde hace tiempo caducos, para un pacto social nuevo y completamente diferente. Hay que volver a cimentar el futuro de la democracia más allá de la sociedad del trabajo" (51).
La ventaja de la visión de Arrighi sobre el grueso de estos autores consiste en que presenta opciones de futuro que obligan a ir más allá de la simple disputa interimperialista. Sin embargo, varios de los autores citados plantean una cuestión de fondo, estratégica, que escapa a Arrighi porque están fuera del objetivo de su investigación, como él mismo nos ha advertido. Nos referimos a lo que afirman Barnet y Cavannagh en la nota 41 y Beck en la nota 45. En términos marxistas, se trata de la aceleración de la dialéctica entre las fuerzas endógenas del capitalismo y las exógenas en lo que toca al proceso completo de valoración del capital. Pero antes de profundizar en este asunto, conviene terminar el anterior porque, como veremos, también nos llevará a ese punto decisivo, es decir, al debate sobre los límites genético-estructurales del modo de producción capitalista.
3.1.- EEUU: ¿IMPERIALISMO RESURGENTE?:
EEUU disfruta de un ciclo corto expansivo que dura algo más de ocho años y que apenas ha sufrido sino muy superficialmente los efectos de la crisis que estalló en verano de 1997. Un conjunto complejo de factores explican este ciclo expansivo. Uno de ello era, además de su poder imperialista asentado largamente, también su control de instituciones públicas como la ONU, el FMI, el BM, etc, o muy poco conocidas, especialmente la Comisión Trilateral (52), o casi desconocidas y de las que sólo recientemente se han empezado a tener datos alarmantes, como es la red planetaria de espionaje global llamada Echelon (53). Semejante fuerza aun siendo lentamente decreciente comparada con su poder omnímodo entre 1945-65, le había permitido asentar una densa red de vampirismo de capital exterior que le hacen el primer deudor del mundo. Y también le ha permitido ponerse en la cúspide de la economía criminal planetaria, obteniendo beneficios extras que aumentan su poder: "Bajo la égida de Estados Unidos, primer agente de la criminalidad financiera internacional, se está llevando a cabo una operación de racionalización, es decir, de norteamericanización, de las técnicas de corrupción tendentes a reemplazar las prácticas (un poco arcaicas) de los sobornos y las comisiones ocultas (o declaradas) por las actividades de 'lobbying', más eficaces y presentables. Un sector de servicios en el que los norteamericanos llevan una ventaja considerable a sus competidores, no solamente por sus conocimientos sino, también, porque han puesto a disposición de sus multinacionales los enormes medios de intervención, financieros y logísticos, de que disponen, incluida la movilización de los servicios secretos del más poderoso aparato de Estado mundial, que han pasado de la guerra fría a la guerra económica" (54).
Otro factor decisivo es la feroz ofensiva antiobrera y antisindical lanzada desde Reagan y apenas amortiguada por Clinton, explican el retroceso alarmante de las condiciones de vida y trabajado de los pueblos que habitan en los EEUU, y el endurecimiento de las disciplinas laborales y represivas contra el movimiento obrero: "Por lo menos, uno de cada diez militantes sindicales que intentan formar un sindicato en EEUU es despedido ilegalmente. Una encuesta de 1994 concluía que el 79% de los estadounidenses creen que los trabajadores serán probablemente despedidos si tratan de organizar un sindicato en su centro de trabajo" (55). Si la explotación interna es un factor decisivo, también lo es el expolio de valor que EEUU realiza en casi todo el mundo, pero especialmente en Asia: "Los EEUU importan vastamente productos manufacturados de las economías de bajos salarios (tres veces más que en Europa), a la vez vía mercado y el grandes proporciones (40% y más) bajo forma de compras intra-empresa, y por tanto en condiciones de precios particularmente ventajosas. General Electric es, de esta manera, el primer empleador de Singapur. Estas importaciones contribuyen a la vez a reducir el coste en adquisiciones de las empresas americanas y a bajar el coste de mantenimiento de su mano de obra. De esta forma constatamos, contrariamente a una argumentación frecuentemente presentada en favor del desarrollo de los países rezagados por medio de la estrategia de "los Dragones", que los primeros beneficiarios del precio reducido de los productos asiáticos son menos los propios países de la zona que aquellos que los compran" (56).
Esta dinámica de expoliación e intercambio abrumadoramente desigual en beneficio de los EEUU, ha ido acompañada de un crecimiento del poder imperialista de los USA: "Los EEUU han mantenido durante casi una década un crecimiento sin precedentes; sus CMN (Corporaciones Multinacionales) representan cerca del 46% de las 500 corporaciones más importantes del mundo, y las CMN estadounidenses están expandiendo su poder, por medio de adquisiciones. Las CMN de EEUU han incrementado parte de sus ganancias, en el mundo, del 36% al 43% en menos de una década. Once de las 13 casas financieras de inversión están controladas por banqueros inversores de EEUU (...) La investigación empírica demuestra que la idea de las "corporaciones globales" es un mito. Más del 80% de las decisiones de base de las CMN referentes a investigaciones de inversión y al desarrollo están tomadas en las oficinas del país al que pertenecen" (57).
También hay que considerar el efecto de empuje del complejo industrial-militar que ha relanzado sus inversiones masivas y muy especialmente en la alta tecnología de la guerra espacial denominada NMD (58), y que es un dato más del nuevo militarismo yanki (59). Igualmente, la generalización del crédito-barato que en buena medida se basa en la baratura y en la fuerza del dólar, que a su vez nos remite a la ventaja hegemónica que sigue manteniendo EEUU; el control de la inflación y la capacidad de permitir por ahora el creciente déficit exterior sin temores inmediatos; el apoyo institucional a la introducción de la informática y de las NTC, la subida de los valores tecnológicos, la baratura de las materias primas y energías, factor en el que el imperialismo yanki está dispuesto a presionar todo lo que sea necesario, como se ha visto en la reciente pseudo "crisis energética"; el aumento de la productividad como resultado de las nuevas tecnologías y de la hiperexplotación laboral, y la amplia red de ayuda institucional a la "natalidad empresarial" (60), sobre todo en los servicios y en la proliferación de trabajos asistenciales no incluidos en la seguridad social oficial. Estas y otras causas explican que el capitalismo norteamericano lleve más de ocho años de bacas gordas, con un crecimiento del 7'3% en el último trimestre de 1999, el más alto en los últimos 16 años.
Sin embargo, EEUU es un gigante-enfermo: "La sociedad norteamericana, el estado, los consumidores y las empresas dependen de manera creciente de mercancías y flujos monetarios externos, parasitan sobre el sistema global a través de un doble juego: por una parte el planeta sostiene al mercado norteamericano, motor de la demanda mundial, si el mismo llegara a hundirse arrastraría al desastre a la mayor parte de la economía global, por otra parte este apuntalamiento del gigante-enfermo incentiva, amplifica sus aspectos negativos" (61). ¿Cuáles son, en definitiva, las contradicciones y debilidades internas del actual ciclo corto expansivo yanki? Estas tres: "En primer lugar el conjunto de indicadores económicos, sociales, culturales, institucionales, que alertan acerca de la decadencia de la sociedad norteamericana. Así lo demuestran datos económicos como la desaceleración a largo plazo de las tasas de crecimiento del PBI y de la productividad laboral, la disminución tendencial de la participación de la Inversión Bruta Fija en el PBI, la terciarización excesiva del sistema económico, la casi extinción del ahorro individual, el déficit comercial crónico (y en aumento), el endeudamiento público creciente, la expansión de la especulación financiera. Además existen fenómenos sociales y culturales como el aumento del número de pobres, la concentración de ingresos y alto nivel real de la desocupación y la ocupación precaria agregadas, la criminalización de las cases bajas. En segundo lugar la pérdida de peso relativo internacional del aparato productivo. Sumando las producciones industriales de Japón, Alemania y EEUU, la participación norteamericana pasó del 54% en 1961, al 44% en 1974 y al 40% en 1996. Tercer tema: el fenómeno de "sobredimensionamiento estratégico" (62). Conviene recordar, para no perder perspectiva histórica, que con la muy limitada información entonces disponible Marx lanzó la hipótesis de que los ciclos de rotación del capital variaban de 7 a 10 años, según casos, países y momentos (63).
3.2.- EUROPA: ¿TAREA IMPOSIBLE DE SÍSIFO?:
En cuanto a Europa, hay que empezar considerando el carácter estratégico que para el capitalismo del viejo continente tenía y tiene el proceso de unificación. Anteriormente ya analizamos en un texto colectivo (64), el significado histórico de la cuarta reordenación intracapitalista europea, así que ahora nos centraremos en el presente, y en especial en saber por qué las cúpulas empresariales arriesgan la estabilidad de su poder político y económico al aceptar unas políticas duramente antisociales como son las de Maastricht. Y la respuesta es que: "La principal razón quizá se sitúe en la caída de la tasa de beneficio de las economías europeas en las décadas de los setenta y de los ochenta, en un proceso de desindustrialización, pérdida del peso específico del sector industrial europeo respecto a USA, Japón y los NPI, lo que provocó un cambio de estrategia de los centros de poder del capitalismo europeo. Si a ello se le une la necesidad de recuperar el gap tecnológico con esas grandes potencia, la vía para recuperar la tasa de beneficios pasa por la unificación de criterios, reducir los gastos sociales e inclinar la balanza del reparto en beneficio del capital" (65).
Comprendiendo esta necesidad vital, se entiende mucho mejor la muy reciente disputa entre EEUU y Alemania por el control de la presidencia del FMI, impensable hace unos pocos años, es un ejemplo entre otros más de lo que se ha definido como "paz fría" (66) que surge de la contradicción no antagónica entre ambos imperialismos, uno de los cuales, el europeo, es infinitamente más débil en el decisivo asunto militar (67); asunto decisivo porque no sólo se agrava en el interior de la UE, sino que adquiere una importancia clave cuando el capital europeo vuelve a sentir su gran debilidad y dependencia energética debido al aumento del precio del crudo, e incluso el ejército español se pone gallito defendiendo su legitimidad de "intervenir" en el exterior en defensa de la "calidad de vida" de los españoles amenazada por el encarecimiento del suministro de petróleo (68).
El reciente informe de la OCDE sobre las interrelaciones, dependencias mutuas, ventajas y desventajas parciales y superioridad relativa de EEUU sobre la UE (69), es muy ilustrativo al respecto. La unidad entre ambos imperialismos frente al Tercer y Cuarto mundos, y sus discrepancias secundarias en las reuniones Seattle (70), son un ejemplo perfecto de que la hegemonía yanki frente a Europa tiene actualmente más dificultades que en épocas pasadas. En realidad, la interrelación es tan estrecha, excepto en lo bélico y siempre dentro de la supremacía yanki, que Teresa Bouza puede hablar de "hermanos gemelos" al comparar la variación porcentual anual del Dow Jones y del MSCI europeo entre 1980 y el 2000, demostrando el riesgo letal para las finanzas europeas si explotase la burbuja de Wall Street (71). Una de las ventajas ciertas de EEUU sobre Europa es la tecnológica (72), que además tiende a crecer a la espera de que las recientes decisiones europeas tomadas en la cumbre de Lisboa (73) empiecen a rendir sus frutos desreguladores y de modernización tecnológica.
Otra ventaja norteamericana por ahora insuperable es la de mayor liquidez y tamaño de sus Bolsas con respecto a las europeas, que también van cediendo terreno frente a las asiáticas, que se recuperan de la catástrofe iniciada en verano de 1997 y que disfrutan en estos momentos de los mayores crecimientos regionales, con subidas del 70% (74). La reciente fusión entre las Bolsas europeas de Amnsterdan, Bruselas y París, que toma el nombre de Euronext (75), muestra todas las dificultades de la UE frente a EEUU y Asia. De un lado, el largo tiempo necesitado para lograr esa alianza, casi dos años; de otro, las dificultades para centralizar y unificar el sistema tecnológico y, por último, las resistencias de otras Bolsas, como la londinense, que sigue siendo la primera de Europa. Un dato significativo, y que confirma la tendencia objetiva al aumento del poder de los grandes corporaciones, empresas y centros de decisión sobre los pequeños accionistas y empresarios, tema al que volveremos luego, es que el Euronext tiene su domicilio legal en Amsterdan, ciudad regida por la ley holandesa que consagra la supremacía del gran burgués sobre el pequeño.
Además de estas dificultades que la UE debe vencer, existen otras como las fuertes diferencias entre el norte y el sur europeo, que tienden a agrandarse en beneficio del norte con la apuesta de las ricas Dinamarca y Suecia por la UE-Norte y de la pobre Grecia por la UE-Sur. No falta autores que insisten en que esta disparidad es, o era a la altura de 1997, la "gran debilidad del proyecto de Europa" (76), confirmando una tendencia que ya fue denunciada a comienzos de la década de los noventa (77). Otra dificultad es la indiferencia o el rechazo de muchos pueblos europeos al actual proceso de unificación, que reproduce en el presente viejos temores y recelos, también rechazos profundos, contra las consecuencias de otra reordenación de la hegemonía burgueso-estatal intraeuropea, que es lo que está imponiéndose. ¿Es pues Euopa como Sísifo, una condenada a ver como la piedra que que tan duramente ha subido hasta la cumbre, termina siempre cayendo hasta lo más hondo del barranco?
(43) Lester Thurow: "La guerra del siglo XXI. La batalla económica que se avecina entre Japón, Europa y Estados Unidos". Vergara Editor, Buenos Aires 1992, págs 299.
(44) Paul Kennedy: "Auge y caída de las grandes potencias", Plaza & Janés, Barcelona 1989, págs 537-639, y "Hacia el siglo XXI", Plaza & Janés, Barcelona 1993, págs 425-449.
(45) Pablo Bustelo: "El Japón y los 'dragones': un nuevo polo de prosperidad en Asia oriental", en Carlos Berzosa (coord.): "La economía mundial de los 90. Tendencias y desafíos". Icaria. Madrid 1994, pág 359.
(46) Bennett Harrison: "La empresa que viene. La evolución del poder empresarial en la era de la flexibilidad". Edit. Paidós Empresa, Barcelona 1997, primera edición en inglés en 1994.
(47) Richard J. Barnet y John Cavannagh: "Sueños globales. Multinacionales y el Nuevo Orden Mundial". Edic. Flor del Viento, Barcelona 1995 PÁGS 415-425.
(48) Carlos Berzosa, Pablo Bustelo y Jesús de la Iglesia: "Estructure económica mundial". Editorial Síntesis. Economía, Madrid 1996, págs 486-488.
(49) José Luis Groizard Cardosa: "Industrialización y ajuste estructural en el sudeste d. e Asia", en "Crisis sajuste de la economía mundial", ops citada, págs 333-375.
(50) Manuel Castells: "La era de la información. Vol. 3. Fin de milenio". Alianza Editorial, Madrid 1998, págs 235-341.
(51) Ulrich Beck: "¿Qué es la globalización". Editorial Paidós, Barlona 1998, pág. 92.
(52) Mikel Orrantia: "Los centros de poder. La Trilateral". Hordago, Donostia 1979. Luis Capilla: "La Comisión Trilateral", ACC, Madrid 1993.
(53) Philipe Rivière: "El sistema "Echelon"". Le Monde Diplomatique, nº 40. Julio-agosto 1999.
(54) Christian De Brie: "Estados, mafias y transnacionales: agentes asociados". Le Monde Diplomatique en español, nº 54, abril-2000, pág 15.
(55) José María Zufiaur: "EEUU y el 'dumping' social". Cinco Días, 9-XI-1999. Luis Oviedo: "Dónde se encuentra hoy el movimiento sindical norteamericano". Revista "En Defensa del Marxismo", Buenos Aires, nº 21, octubre-1998. C. Mitchel, F. Y P. Barta: "'Estados Desunidos' por la creciente disparidad entre pobres y ricos" en The Wall Street Journal Edición Española, Cinco Días, 19-I-2000. Y también sobre el distanciamiento salarial y el aumento de la pobreza y precariedad en EEUU: Diario Cinco Días 10-I-2000 y 20-I-2000.
(56) J.L Gombeaud y M. Décaillot: "El Regreso de la Gran Depresión", ops., cit., pág. 45.
(57) James Petras: "El imperialismo resurgente", Hiru Argitaletxe, Hondarribia, 1999, págs 158-159.
(58) Andrés Ortega: "EEUU confía en poder desplegar el año que viene los nuevos sistemas contra misiles balísticos". El País, Internaciona/8, 13-II-2000.
(59) Michael T. Klare: "La necesidad de vencer en todos los frentes". "Le Monde Diplomatique". nº 43, mayo 1999. James Petras y Steve Vieux: "Bosnia y la hegemonía de los Estados Unidos". En "New Left Reviev", nº, Madrid 2000.
(60) Emilio Ontiveros: "Incubadoras". El País, Negocios/3, 27-II-2000.
(61) Jorge Beinstein: "Escenarios de la crisis global. Los caminos de la decadencia", ops. Cit. Pág, 5.
(62) Jorge Beinstein: "Escenarios de la crisis global. Los caminos de la decadencia", ops. Cit, pág 6.
(63) Karl Marx: "El Capital", FCE, México 1973, tomo II, págs., 140-168.
(64) AA.VV: "Maastricht, la polémica de Europa". Ediciones Vosa, Madrid 1992.
(65) Xavier Vence y Xosé Luis Outes (Editores): "La Unión Europea y la crisis del Estado del Bienestar". Editorial Síntesis, Madrid 1998, pág. 18.
(66) Nelson Roque Valdés: "Paz fría entre EEUU y la UE". Gara, 22/ Mundua.1999 azaroa-8 astelehena.
(67) Ignasi Ramonet et alii: "Guerra en los Balcanes", y Bernard Cassen: "La inexistente defensa europea", ambos el "Le Monde Diplomatique", nº 44, junio 1999. AA.VV: "Los Balcanes: Reflexiones para después de una guerra". "Le Monde Diplomatique", nº 45, Julio-Agosto 1999.
(68) Miguel González, sobre "El Libro Blanco de Defensa", El País, nº 1426, 29-iii-2000.
(69) Guillermo de la Dehesa: "Estados Unidos frente a Europa", El País, nº 1415. 18-III-2000.
(70) Rosa Townsend: "La 'cumbre alternativa' de Seattle". El País, 28-XI-1999.
(71) Teresa Bouza: "Si los cimientos de la Bolsa neoyorquina se tambalean, Europa no vivirá para contarlo". The Wall Street Journal, Edición España, 24-I-2000.
(72) Ignacio Cembrero: "Europa pierde terreno frente a Estados Unidos". El País, Negocios/21, 19-III-2000.
(73) Véase Cinco Días, 24-III-2000.
(74) M. Jiménez, en Cinco Días, 24-I-2000.
(75) El País, nº 1.418, 21-III-2000.
(76) Vicenç Navarro: "Neoliberalismo y Estado del Bienestar". Ariel, Barcelona 1997, pág. 174.
(77) Pedro Montes: "La integración en Europa", Edit, Trotta, Madrid 1993, págs, 145-154.